
Este libro incluye cuatro breves biografías, noveladas para todos los públicos, de cuatro hombres de la Grecia clásica que resultaron fundamentales para la historia antigua: el rey espartano Leónidas, famoso por su resistencia frente a los persas en las Termópilas; Temístocles, comandante de la flota ateniense que logró derrotar a estos mismos enemigos en el mar; Fidias, principal artífice de las esculturas del Partenón bajo el patrocinio de Pericles; Sócrates, el filósofo que afirmaba que solo sabía que no sabía nada.
De una forma sencilla y amena, la narración permite descubrir no solo los episodios más importantes y conocidos de la vida de cada uno de los personajes, sino también buena parte de la vida cotidiana de la Grecia clásica: la educación espartana y ateniense, los festivales en honor a los dioses, el sentir de los ciudadanos respecto a la política y la guerra…
Índice de contenidos
El libro, de unas 34 000 palabras de extensión, tiene los siguientes capítulos:
- Leónidas
- Leónidas se hace adulto
- Contra los persas
- Temístocles
- Preparativos contra los persas
- La batalla de Maratón
- Los persas aún no están derrotados
- La batalla de Salamina
- Después de los persas
- Fidias y Pericles
- El festival
- Fidias, el artista
- El Partenón
- Sócrates
- La infancia de Sócrates
- Sócrates de adulto
- El juicio de Sócrates
Muestra gratuita
Odio cuando tengo que comprar cosas a ciegas. Por eso quiero que, antes de gastarte un céntimo, puedas ver (además del índice de contenidos, que ya lo acabas de ver) una muestra del contenido y del estilo.
Este es el preámbulo:
La antigua Grecia era una tierra encantadora. Por todas partes se veían hileras de picos montañosos a través de pequeños y hermosos valles. Por los valles correteaban pequeños ríos. Junto a los ríos se extendían verdes olivares, dorados trigales y huertos. Aquí y allá, entre los campos, brillaban ciudades blancas con altas murallas y calles serpenteantes. Desde el pie de la montaña hasta el valle llano se extendían colinas, grandes y pequeñas. Sus laderas estaban sembradas de viñedos y salpicadas de cabañas encaladas. En la ladera de la montaña deambulaban ovejas vigiladas por su pastor, que canturreaba para sí mismo en una cueva fresca. Todas las cimas daban al cercano mar púrpura. El mar estaba salpicado de barcos e islas rocosas.
Por estas islas, valles y laderas caminaban los magníficos griegos. ¿Y qué los hacía magníficos? Su piel tersa, bien untada con aceite de oliva; sus músculos, entrenados en el gimnasio; sus ojos brillantes, felices de contemplar el mar y la montaña y la estatua y el templo; y sus ropas también ayudaban, pues eran de colores brillantes y colgaban en pliegues que se movían suavemente. El viticultor atareado entre sus uvas, el pastor caminando por la agreste montaña, el marinero en su barco, el carpintero en su taller, vestían quitones cortos que dejaban brazos y piernas desnudos y libres. Al atardecer, cuando refrescaba, se ceñían capas cortas a los hombros. Bajo el sol ardiente, se ataban anchos sombreros en la cabeza. Para pasear por un camino pedregoso se amarraban sandalias abiertas bajo los pies. Los caballeros ociosos de las ciudades se cubrían con himationes, grandes mantones de lana fina o lino que caían en suaves pliegues desde el cuello hasta los pies. Las mujeres llevaban túnicas largas y holgadas del mismo tipo.
Sobre esta hermosa tierra, y cuidando de ella, estaban los dioses. Vivían en el Olimpo, una ciudad brillante entre las estrellas. La rodeaba una muralla dorada con puertas metálicas. En su interior había verdes praderas, salpicadas de maravillosas flores. Entre las flores y la hierba había casas de oro y plata, los hogares de los dioses. En lo alto de una pequeña colina había un trono de oro. Allí se sentaba Zeus, el rey de los dioses, el señor del mundo. A su lado estaba Hera, su reina. A su alrededor, la comitiva de los dioses contemplaba el mundo.
Allí estaba el apuesto Apolo, que durante el día conducía el carro del sol por el cielo. Por la noche se sentaba en el Olimpo en el banquete de los dioses. Tocaba su lira y cantaba canciones que el hombre común jamás ha oído. Y allí estaba Atenea, con su armadura de bronce. Ella se ocupaba de todas las batallas del mundo, y enseñaba a las mujeres a tejer y a los hombres a trabajar con herramientas. Y estaba Poseidón, que a veces vivía en una cueva en el fondo del mar. Provocaba tormentas en el mar y las calmaba. Estaba Hermes, que enviaba vientos suaves para llevar los barcos al puerto correcto, y que volaba por los aires con los mensajes de Zeus. Estaba el dios más joven, Dioniso, que enviaba rocío y calor para madurar las uvas de todo el mundo. Y estaba Ártemis, que conducía el carro de plata de la luna y a veces cazaba ciervos en el bosque. Estaba el dios herrero, Hefesto. Podía hacer estatuas de oro que se movían y caminaban. Estaba Ares, el feroz dios de la guerra. Y estaba Deméter, que maduraba el grano por todo el mundo.
Todos estos dioses eran como hombres y mujeres, pero más altos, más hermosos y más maravillosos. No podían morir nunca. Sus ojos miraban hasta los confines del mundo. Ningún hombre podía esconderse de ellos. Caminaban por el cielo tan rápido como el rayo. En un abrir y cerrar de ojos podían pasar de ser un dios a un pastor harapiento o un águila. La vida era muy alegre y fácil para ellos. Y, sin embargo, tenían trabajo que hacer. Si Apolo hubiera pasado un mes ocioso en el Olimpo, los árboles, las plantas y los hombres del mundo habrían muerto en la oscuridad. Si Hera se hubiera olvidado de visitar la tierra, no habría nacido ningún niño de padres y madres felices. Si Dioniso hubiera descuidado su trabajo, las vides y los granados y las plantas de melón de todo el mundo habrían muerto, y los hombres habrían estado hambrientos de fruta y sedientos de vino. Si Poseidón se hubiera enfadado y hubiera dejado el mar en tempestad, miles de barcos habrían naufragado y los marineros se habrían ahogado. Así pues, los dioses eran gente muy ocupada, que revoloteaba de ciudad en ciudad, de campo en campo, de mar en mar, y de vuelta al Olimpo, para descansar, comer y divertirse. Pero se cuidaban de que los hombres no los vieran en esas visitas.
Los griegos amaban a estos dioses por su bondad. Deseaban darles las gracias. Querían hacerles regalos. Pero no sabían cómo hacerlo, pues nunca veían a los dioses durante sus visitas a la tierra. Tampoco sabían qué enviarles.
—Los dioses no comen alimentos comunes —decían—, pero los dulces olores del mundo les resultan agradables. ¿No les gustaría probar esta carne y estos frutos que nos han dado? ¿Cómo los enviaremos tan lejos?
Entonces vieron el humo que se elevaba por encima del fuego, por encima del tejado de la casa, por encima de los árboles, hacia el cielo.
—Ese es el camino —dijeron.
Así pues, encendieron hogueras sobre pequeños montones de hierba. Empaparon la tierra con vino aromático. Pusieron carne y frutas en las hogueras. El humo recogía los olores del vino, la carne crujiente y las frutas tostadas y los elevaba por el cielo hasta el Olimpo. Allí los dioses respiraban el aroma y sonreían al contemplar los altares ardientes y las manos levantadas.
A veces la gente construía casas de mármol o templos alrededor de estos altares. Allí los dioses descansaban de su trabajo en el mundo. Allí acudía la gente a llevar regalos a los dioses.
En tal tierra, entre tal gente, bajo los ojos de estos dioses, vivían los hombres de este libro.
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Algunas respuestas
Quizá tengas preguntas. Aquí las respuestas.
¿El libro es para niños?
Sí, más o menos a partir de ocho años.
¿Hay dibujos o imágenes?
El interior del libro es todo texto. La única imagen que hay es la de la portada.
¿Cómo va de políticamente correcto?
Bien, más allá de escenas de batallas, muertes (no explícitas), esclavitud…
¿Puedo probar antes de comprar?
Sí: prueba este fragmento con el primer capítulo completo para ver si es el estilo que esperas.
¿Necesito un dispositivo específico para el formato ebook?
No es necesario que tengas un dispositivo Kindle: puedes descargar en tu teléfono, tableta u ordenador la aplicación gratuita de Kindle para leer ahí la obra.
¿Qué diferencia hay entre la versión digital y en papel?
Además de la obvia, ninguna: el contenido en ambas versiones es idéntico.
Si te interesa el tema económico, mi parte de beneficios es la misma en la versión digital y en papel (céntimo arriba, céntimo abajo).
No puedo/quiero comprar en Amazon
El libro es autoeditado y autopublicado y por el momento solo está disponible en Amazon porque es ahí donde lo he autopublicado. Por el momento no tengo pensado publicarlo en ninguna otra plataforma. 🤷♂️
El audiolibro sí está fuera de Amazon, por lo que puedes comprarlo sin pasar por ahí.
¿Tienes más?
De hecho, ¡sí! Desde humanistasenlared.com/libros puedes ver todo lo que tengo publicado, pero te lo pongo más fácil.
Para adultos (y jóvenes interesados):
- El ocaso de los héroes que lucharon en Troya
- Auge y caída de los héroes y reyes de Tebas
- La historia de Cupido y Psique
Estos son los libros juveniles sobre mitología griega que tengo publicados por ahora (¡más en camino!):
¡Y también sobre historia del mundo clásico!
- La historia de los griegos
- La historia de los romanos
- Los grandes griegos de Plutarco
- Los grandes romanos de Plutarco
- La expedición de los diez mil
- Seis historias fascinantes de Heródoto
- Leónidas, Temístocles, Fidias y Sócrates
Y como no solo de clasiqueo vive el hombre, también tengo leyendas medievales adaptadas para todos los públicos:
- La leyenda de Beowulf
- La leyenda de Roncesvalles
- La leyenda de Guillermo Tell y los libertadores de Suiza
- La leyenda de Robin Hood
- La leyenda del rey Arturo y sus caballeros
- La leyenda de Frithjof, el vikingo de Noruega
- La leyenda de Guy de Warwick
- Cuentos de Canterbury
Otra colección es la de historias vikingas:
- Los vikingos: Historia y leyendas de los reyes del mar
- Relatos vikingos
- La leyenda de Frithjof, el vikingo de Noruega
¡Y ahora vamos más allá en la historia!
